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domingo, 12 de marzo de 2017

Sabotaje/autosabotaje...


Fernando. 

Fernando, fue el hombre que marcó mi vida. Y no siempre quién marca tu vida es el mejor hombre o el peor… simplemente, es quién te la marca. 

Nos conocimos desde siempre. Al crecer, cada uno continúo con sus respectivas vidas, hasta que un día de mi rebelde adolescencia nos volvimos a encontrar… De ahí a un paso, nació el amor… esa mezcla de emociones nuevas deslumbrantes, llena de idealización, de intensidad, de pasión, de locura, de descubrirse el uno al otro, de idilio y aventura! Todo eso fue Fernando para mí, mi despertar de niña a mujer, la etapa más estúpidamente vulnerable que puede vivir un ser humano. Ahí llegó a mí. 
Pasaron los días, los meses, los años… la vida. Y durante los 26 años de caminar “juntos” este hombre se esmeró día a día, mes a mes, año a año de demostrarme que el cielo y el infierno no son ficción… que están aquí (en la tierra) que es tan real como la pupila de tus ojos. Día a día, me mostró (con hechos) que la nuestro peor enemigo es nuestra mente y nuestra víctima más grande es nuestro corazón. La idealización se fue a la mierda! Él se encargó de sepultarla en los abismos más profundos del engaño, la mentira y la traición… al igual que el amor inmensurable que una vez yo sentí por él y que él juraba sentir por mí. 
Aunque debo reconocer que mi mente y mi Ego me engañaron y traicionaron primero… quizás, él solo fue el potenciómetro que estos otros dos necesitaban para terminar de comenzar el camino de mi (auto) destrucción… y ahí en medio del fragüe de esa inmensa batalla, donde ni el corazón ni la mente me salvaron, donde mente y corazón son uno, y enemigos a la vez, fueron y vinieron a su antojo… mientras tanto, yo, ahí, en medio de todo… mi verdadero yo, mi alma, luchando en un rincón a solas con todos los demonios (internos y externos) esos bribones maestros del disfraz que se disfrazan de amor, de culpas, de deberes, de placeres, yo ahí, estoica, a ratos por el suelo, vuelta nada y a ratos embestida de orgullo y dignidad, disfrazada también de ego, para salvar, para salvar lo único que me mantiene aún viva, intacta y de pie, mi alma. Fueron 26 años de dolor interminable, de lágrimas, de interminables penas. 
Fueron 26 años de soledad. Una soledad que pensé que jamás terminaría. Y es que compartir la vida con alguien que te hace sentir profundamente sola, no es vida. Eso, es una cara más del infierno. Malos tratos, mala vida, falsas y reiteradas “reconciliaciones” promesas inconclusas que nunca llegaron a nada, comenzaron por abrir un abismo en mi vida. Y muchas veces, el desprecio por la misma, me llevaron al borde, borde, borde del precipicio… Y cada vez que estaba a punto de saltar, el recuerdo de la mirada firme, sufrida y valiente de mi padre, me obligaban a reflexionar… y en esa vuelta, siempre me esperaban unos dulces ojitos bellos, llenos de amor, los más bellos que he visto en toda mi vida… los ojos de mi hijo. Y ahí aguantaba, y ahí respiraba profundo… muy profundo… una vez más. Así, se pasó la vida durante estos últimos 26 años… al borde del abismo… haciendo malabares por el filo de la navaja, para no caer. Para no matarlo, para no matarme yo, o para no dejarme matar. Y es que si la teoría de que cuando vienes acá, baja un ángel y 3 demonios contigo, pues ya yo sé quién es mi ángel y quién el bribón embaucador, quién el demonio… ese ser que te mantiene cerca y que siempre, día a día lucha por sacar lo peor de ti, por arruinarte, por someterte, por engañarte, por hacerte caer. Por hacerte creer que todo lo malo que él haga –o te haga- es tu culpa. El gran manipulador. Bueno, ese demonio, tomó posición, forma y cuerpo en esta tierra, tan solo para exterminarme a mí. Pero la luz y Dios son más grande que todas las sombras de este mundo y de los otros, junto con este gran embaucador, vino mi angelito… Llegó mi hijo. Y fue él, y solo él, y nadie más que él quién me dio la fuerza, el coraje y el amor para resistir, para no volverme loca y para finalmente liberarme de todo mal, que se concentraba en Fernando. 

Ahora, todo es un nuevo empezar… voy camino hacia mí, hacia todo lo bueno de este mundo, hacia la luz, el amor (en todas sus formas) hacia mi propio vuelo… hacia mi libertad. Porque ya nunca más estaré sola, porque ahora, estoy conmigo. Y ya no tengo que dividirme, que repartirme ni que pagar “penitencias” por nada. Ahora voy a mi encuentro con mí ser, con toda la plenitud de mis 40 años y con toda la alegría de haber salvado el alma y la vida de esta gran batalla de 26 años. Ahora lo que venga que venga, y lo que sea que sea. Puedo partir en paz cualquier día, cualquier año, ya soy feliz. 

Sé que aún me queda mucha vida y muchas cosas por hacer… pero mientras tanto todo eso pasa, iré siendo feliz, como telón de fondo en el escenario de la vida. Y solo escribo esto para no olvidar mis cicatrices, para si algún día, ya muy viejita pierda un poco la memoria… no perder del todo mis recuerdos. 

Sin odios, sin rencores, sin revanchismos, solo digo adiós! A esa triste y oscura etapa de mi vida. Lo aprendido se queda conmigo. Las rabias, los odios, se las dejo todas a su origen y creador. Yo no cargo con nada de eso. Simplemente, soy feliz.